
Entre niños, jóvenes y adultos, existe una necesidad de traslado, de trabajar o de simplemente estar en la naturaleza, aun y cuando 2 mil 764 neoleoneses mueren cada año por problemas relacionados a la contaminación. Más de la mitad de los días del año, en Monterrey se registran niveles de contaminación superiores a los establecidos en la normatividad mexicana para proteger la salud de la población.
Con el presidente peleando por pasar reformas energéticas que se oponen al progreso y las sierras de Arteaga y Santiago envueltas en llamas, escribir sobre un tema aparentemente irrelevante para el gobierno resulta bastante cansado. Podemos prohibir el uso de bolsas de plástico y evitar comer carne varios días a la semana, pero sería incrédulo pensar que estos actos individuales, por más útiles que sean, solucionarán todo el problema. Entonces basta de quejas y corajes por políticos y empresarios que carecen de iniciativa. ¿Qué se puede hacer realmente?
Primero, un impuesto al carbono. De las ideas más platicadas, el impuesto al carbono involucra poner un precio al uso del carbono y otros combustibles fósiles. Existen países como el Reino Unido que han visto una disminución significativa en el uso del carbono a partir del impuesto. El problema de esta propuesta cae en el comercio y la dificultad a la que se enfrentan ciertos gobiernos de establecer un precio que valga como incentivo, y claro, pocos políticos promueven propuestas que aparentan costarle a la gente o ser temporalmente complicadas. Cuidar al planeta da pocos puntos de popularidad.
Segundo, subsidiar energías renovables. Es posible, que con el mismo dinero recolectado como impuestos al carbono, el gobierno pague a quienes utilizan energías renovables, así creando un incentivo para las empresas de cambiar a métodos menos contaminantes. Desafortunadamente, la CFE argumenta que en caso de fallar la energía solar o eólica, son ellos quienes brindan sus recursos y solo las empresas se ven beneficiadas. Parece que no consideran las fallas en sus propios métodos, además de lo contaminantes que son.
Tercero, sancionar delitos contra el medio ambiente. Se pueden escribir páginas enteras sobre la impunidad en el Estado mexicano, pero en relación al planeta, realmente no hay espacio ni tiempo para la impunidad. Quien atente contra el medioambiente, debe de pagar la pena o la multa que le corresponde, sin excepción. A las empresas que actúen sin conciencia ambiental, se les debe sancionar. A los políticos que obstaculizan el cuidado del medio ambiente, se les debe sancionar. Con el planeta, no se juega, y parece que llevamos años demostrando lo contrario.
Estas son solo algunas de las políticas públicas que pueden ser implementadas por el gobierno, y apenas serían suficientes para mejorar la situación. Con la refinería de Cadereyta tan cerca a la ciudad, las incontables fábricas, pedreras y el tráfico aumentando, parece un caso perdido. Sin embargo, no puede serlo. Hay que alzar la voz y demandar un cambio. Hay que votar con conciencia ambiental y tomar decisiones que reflejen nuestro interés por nuestro planeta y por ende, nuestra salud.
Foto recuperada de TecdeMty