El olvido de la educación

El olvido de la educación

Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas.
–José Ortega Gasset

De acuerdo con el ya desaparecido Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), la escolaridad media de la población de 15 años y más era de 7.5 en el año 2000, diez años después era de apenas 8.6 y los últimos datos (INEGI, 2020) reflejan que es de 9.7 años. Prácticamente en México necesita pasar una década para que la escolaridad aumente un año en promedio. De acuerdo con otros estudios como el “OECD better life index” la escolaridad promedio de México es incluso dos años por debajo de los cuarenta países estudiados. Lo anterior es de suma importancia por diversos temas. Uno de ellos es la actividad delictiva Según a Lance Lochner y Enrico Moretti (2004), un año de escolaridad, más en un individuo, reduce significativamente la probabilidad de incidencia delictiva, entre un 10 y 30%, y en otros estudios de América Latina como en Jamaica demuestran que cerca del 75% de las personas en reclusorios provienen de escuelas de baja calidad o sin concluir la secundaria.

Entonces, valdría la pena preguntarnos si las medidas tomadas hasta el momento, las famosas becas y apoyos educativos, han valido la pena para incentivar la permanencia educativa. Por otro lado, no solo debemos fijarnos en los años de escolaridad, sino en la calidad educativa. En el OECD BLI, México se posicionó en el lugar 37 solo por encima de Brasil, Colombia y Sudáfrica. En otras publicaciones, como del CONEVAL, demuestran que en el 2015 no más del 25% de los estudiantes de primaria o secundaria obtenían resultados satisfactorios en matemáticas o español. Ahora bien, ¿es culpa del estudiante estos resultados? Es evidente que no, y es entonces la escuela parte fundamental de lograr el desarrollo de los niñas, niños y adolescentes.

A pesar de las necesidades evidentes de los estudiantes, en esta administración hemos notado acciones contrarias a lograr esos intereses. Si bien la reforma educativa de la anterior administración tal vez no fue la más acertada. Es así como debemos cuestionarnos si haberla desaparecido, y con ella el INEE, la mejor medida. Es evidente que los profesores requieren una evaluación continua inclusive, a pesar de haber estudiado para ejercer la docencia. Sin embargo, esto fue considerado grave, hasta se llegó a hablar de un daño en sus derechos. A pesar de ello,¿dónde quedaron los derechos de los niños, niñas y adolescentes?, ¿no es también la educación un derecho de ellos?, ¿cómo podemos asegurar su desarrollo para las adversidades del futuro (hasta podemos hablar del interés superior del menor) si los datos demuestran que no se están cumpliendo los objetivos? Esto no significa despedir a cualquier profesor, pero si hiciéramos una ponderación entre los derechos de los docentes como trabajadores y el de educación de los niños, sería evidente que tiene más peso la educación de los niños. A pesar de todo lo anterior, la educación en México se ha vuelto un tema político donde no se han tomado acciones necesarias.

Foto recuperada de Expansión