El "Plan C" nació muerto

El "Plan C" nació muerto

Durante los últimos meses los simpatizantes del oficialismo han dedicado tiempo, esfuerzo y recursos a promover el voto masivo por la coalición Sigamos Haciendo Historia encabezada por el Movimiento Regeneración Nacional (MORENA) y sus partidos aliados PT y PVEM.

A esta campaña desde Palacio Nacional se le ha denominado “PLAN C”, en referencia con los fallidos planes “A” y “B” para la consolidación de las reformas político electorales con las que se pretendió primero desmembrar al Instituto Nacional Electoral (INE) y mermar sus competencias, atribuciones y autonomía.

Durante las discusiones se señalaron las inconsistencias jurídicas de fondo, conllevando una larga discusión en ambas cámaras. Cabe agregar que la primera debido a que era una reforma constitucional no obtuvo mayoría calificada en su cámara de origen, mientras que la segunda fue declarada inconstitucional por la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Entonces, ¿Qué propone el Plan C? Es un intento del oficialismo por obtener mayoría calificada en ambas cámaras del Congreso de la Unión con el propósito de “obradorizar”, con lo que sea que eso signifique, a los Poderes de la Unión y las estructuras autónomas del Estado. De acuerdo al penúltimo artículo de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM, art. 135o) para modificar la redacción constitucional se requiere una mayoría calificada compuesta de dos terceras partes de ambas cámaras del Congreso de la Unión y la aprobación de la mayoría de las legislaturas estatales. Si la coalición oficial consigue dichos resultados durante el proceso electoral federal del 2024, intentarán reformar la estructura general del Estado.

Aún y con la intención de hacerlo, con la evidente confrontación con el Poder Judicial y el repudio hacía los Órganos Constitucionales Autónomos, ¿es posible consolidar el Plan C? La realidad es que no, el Plan C nació muerto. La clave del fracaso de la campaña se encuentra en el órgano legislativo que por excelencia representa al pacto federal que mantiene a nuestra federación: el Senado de la República.

Las reglas por las cuales se instalan las legislaturas en el Senado son simples: cada Entidad Federativa tiene tres senadores, dos por mayoría relativa y uno de primera minoría, es decir, 64 senadores electos y 32 de segundo lugar. Además, dependiendo de la cantidad de votos obtenidos a nivel nacional, los partidos despliegan listas plurinominales por las cuales se constituyen otros 32 escaños, dando un total de 128 senadoras y senadores, de los cuales se necesitan 86 (dos terceras partes) para tener mayoría calificada.

En sentido de lo anterior, el exconsejero del INE, Ciro Murayama, comenta que el fracaso del Plan C es producto de las matemáticas simples. En 2018, cuando MORENA y sus aliados obtuvieron su mejor resultado, se instaló en el Senado un bloque parlamentario de 69 senadores, 17 votos menos de la mayoría calificada. Describe el exconsejero que incluso durante la elección intermedia del 2021 se vió una reducción del 6.1% en la percepción del porcentaje del voto nacional.

Incluso en el mejor de los resultados, es decir las 32 fórmulas al senado y el 50% de los votos nacionales, el panorama para el Plan C sigue siendo casi imposible; faltando cuatro votos para su anhelada mayoría calificada. Esto en el escenario más optimista, la realidad es que las encuestas apuntan a que los resultados electorales de esta jornada serán de extremos polares casi equidistantes entre el hoy oficialismo y la oposición.

Solo queda esperar el desarrollo de las campañas electorales que comenzará el siguiente primero de marzo, pero si de algo estoy seguro, concordando con Ciro Murayama, es que el hecho de que no exista una mayoría aplastante en el Congreso de la

Unión ya es una victoria para la pluralidad y la democracia.

Murayama, C. (2024). Senado 2024-2030: el fracaso del ‘plan C’. EL FINANCIERO. https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/ciro-murayama/2024/01/17/senado-2024-2030-el-fracaso-del-plan-c/