
Controversial, confusa, y hasta contradictoria, estos son adjetivos que se le pueden atribuir a la retórica del presidente. Al menos en su discurso, Andrés Manuel siempre ha abogado por los menos afortunados, los pobres, o grupos discriminados como las personas indígenas. El presidente hace giras en muchos estados del sur, en donde suele visitar comunidades indígenas, y en donde afirma cosas como “[Pagaremos] la deuda que tenemos con las comunidades indígenas, la verdad más íntima de México”.
Entonces, ¿cuál es la deuda con los pueblos indígenas y cómo se está reparando? Esta se refiere a que se han visto marginados durante muchos años, relegados de sus tierras y sus costumbres incluso desde la conquista y con obstáculos para su determinación y autonomía al paso de la historia. En las últimas medidas del CONEVAL respecto a la pobreza en pueblos indígenas en 10 años (2008-2018), el número de personas en situación de pobreza se quedó prácticamente igual (8.5-8.4 millones). He aquí la deuda, en el tan prometido progreso. Entendidas las desigualdades como históricas y sistemáticas, ¿qué sucede entonces en un gobierno que en teoría los prioriza?
El Tren Maya, proyecto emblema del presidente, pretende brindar el progreso y desarrollo que tanto necesita la región. El discurso alrededor de este es el gran beneficio económico que va a traer, ya que la idea es que se remodelen y mejoren los pueblos y comunidades donde estarán las estaciones. Muchas de estas comunidades se oponen, e incluso se han amparado, ya que su comunidad no se “embellecerá” porque no tiene estación y con la falta de atenciones durante la planeación, las comunidades piensan que no les llegará la derrama económica de la que tanto se habla.
La mayoría de esto se debe al hecho de que el trazado del tren se hizo antes de los estudios necesarios, liberación de derechos de vía, factibilidad legal, ambiental, etc.
La prioridad fue empezar a construir, ya que los contratistas encargados significaron muy poco para la administración actual, siendo estos los mismos acusados de sobornos en el NAICM.
Pedro Uc Be, escritor Maya y activista, cuestionó la necesidad de un tren como tal. Reconoce que México está endeudado con los pueblos indígenas, pero dice del tren, “le han puesto su nombre, está en su territorio, pero no es para ellos”. Pedro también critica fuertemente las primeras consultas a los pueblos ya que no fueron bien informados y de cierta manera coercidos. El primer paso para poder ayudar a alguien es saber qué necesita. Visto lo anterior, ¿qué nos hace creer que un proyecto de este tamaño se construye en función de las comunidades que atraviesa?
Foto recuperada de Reporte Indigo