La utilidad del voto útil

La utilidad del voto útil

Año tras año, las frases, “votaré por el menos peor”, “votaré por quien vaya más arriba en las encuestas”, o “votaré por quien le gane al candidato que no quiero” surgen en nuestras conversaciones electorales. En otras palabras, ha incrementado la popularidad del “voto útil”. 

El artículo 36 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos nos dice que es obligación de los ciudadanos votar en las elecciones. Al indagar sobre este concepto de “votación”, el artículo 4 de la Ley Electoral para el Estado de Nuevo León nos dice que la votación, o en palabras de la norma, el sufragio, es “la expresión de la voluntad popular para la elección de los integrantes de los órganos del poder público…” Al elegir a quienes nos gobiernan, conforme a nuestras preferencias ideológicas o de políticas públicas, el pueblo mexicano busca asegurar una buena representación. Recordemos que el artículo 40 de la Constitución establece que México es una república representativa y democrática, lo cual se manifiesta a través del sufragio. Claro, ¿de qué vale tener voto si las opciones no varían? Si salimos a votar con fin de cumplir con nuestra obligación ciudadana y nuestras opciones son un corrupto, un incompetente y un títere, ¿qué tanto se expresa nuestra voluntad?

La Real Academia Española define la voluntad como la “elección hecha por el propio dictamen o gusto, sin atención a otro respeto o reparo”. Considerando el consenso de que constantemente elegimos al menor de los males, podemos preguntarnos si realmente existe la expresión de la voluntad en nuestras elecciones. ¿Elegir a un candidato que no apoyamos para evitar el triunfo de otro puede considerarse una decisión hecha por el propio gusto? 

Tener que elegir el mal menor no es una característica presumible del sufragio, pero tampoco quiere decir que el proceso entero es un desperdicio. El propósito de este escrito es cuestionar cómo la votación cumple con su objetivo democrático y representativo. Si determinamos que las elecciones mexicanas no cumplen con su deber normativo, algo tiene que cambiar. La famosa frase “los políticos son un reflejo de su sociedad” no deja de ser cierta. Debemos involucrarnos más en el proceso político de nuestro país. Tristemente, si no exigimos a nuestro representantes, ellos no van a cumplir. 

Seamos políticos los 365 días del año, no solamente en temporada electoral. Seamos activistas en nuestro día a día, no solamente en las redes sociales. Es necesario cuestionar el concepto de la votación, no para depreciarlo, sino para mejor aprovechar su potencial.

Foto recuperada de El Economista